Guatemala Constitucional
Menos poder de los gobernantes es más libertad de los gobernados y más prosperidad de todos.
Todos los seres humanos son iguales porque pertenecen a un mismo género, que es la humanidad; pero individualmente no son iguales: cada uno posee atributos exclusivamente propios, que lo diferencian de cualquier otro ser humano. Los miembros de una sociedad necesariamente son individuos, y en ella cada individuo se encuentra, no con el género humano, sino con otros individuos, es decir, con seres que tienen la cualidad de la individualidad. El género tiene, por supuesto, su propio ser; pero no es un individuo que actúa en la sociedad.
Esa individualidad no es solo material. No es, por ejemplo, solo individualidad anatómica y fisiológica, o física, química y biológica. Es también, esencialmente, individualidad inmaterial, que denominamos espiritual. Es individualidad de procesos intelectivos como el pensar; de procesos afectivos como el amar; y de procesos volitivos como el querer. Entonces el pensar de cada ser humano es exclusivo de él. Su amar es exclusivo de él; y su querer es exclusivo de él.
La espiritualidad de cada individuo es un mundo interior cuyo acontecer es conocido solo por él. Nadie puede penetrar en ese mundo, y contemplar aquello que ocurre en él. Ese mundo comprende la consciencia que tiene el individuo de seres del mundo exterior, y la consciencia que tiene de su propio mundo interior, que es autoconciencia. El individuo puede emplear el lenguaje para informar sobre sucesos de su mundo interior; pero no para mostrar esos sucesos.
La individualidad del ser humano es suprema concreción: es totalidad indisoluble de todos sus atributos. Podemos mentalmente abstraer algunos atributos del individuo humano; pero realmente son inseparables de los otros, aunque en el ser, el hacer y el tener de cada individuo concurra principalmente alguno de ellos.
La individualidad de un ser humano no puede ser equivalente a la individualidad de otro ser humano, y por ello no puede ser sustituida por la de otro. No es el caso, por ejemplo, de un animal doméstico, que puede ser sustituido por uno equivalente, es decir, uno que pertenece a la misma especie o variedad, que tiene el mismo peso y que posee similares características fenotípicas.
La individualidad de un ser humano, por no poder ser equivalente a la de otro, no es enajenable: ningún individuo puede transferirle su individualidad a otro. Tampoco es apropiable: ninguno puede adoptar la individualidad de otro. Un individuo puede sustituir las funciones de otro; pero, por no poder ser enajenable ni apropiable su individualidad, esa sustitución no es sustitución de su individualidad. Por ejemplo, en la construcción de una casa, un individuo que es albañil puede sustituir a otro que también es albañil; pero tal sustitución no es sustitución de su individualidad.
El individuo humano es libre: puede actuar no sometido a la ley natural de causa y efecto, por la cual un suceso llamado efecto está determinado por un suceso llamado causa, de modo tal que, dada la causa, necesariamente es dado el efecto. Precisamente por ser libre, el individuo que ha ejecutado una acción pudo no haberla ejecutada. Por ello tiene sentido el castigo que impone la ley penal: quien ejecuta un acto criminal pudo no haberlo ejecutado. Por ello tiene sentido el arrepentimiento: quien se arrepiente de haber cometido un acto, se arrepiente porque pudo no haberlo cometido. También por ser libre tiene sentido atribuirle responsabilidad al individuo: él puede ser imputado de ser causante de las consecuencias dañinas de un acto que ejecutó.
En general, el progreso de la humanidad presupone individualidad del ser humano. Por ejemplo, los fabulosos hallazgos científicos, las asombrosas hazañas tecnológicas, la creación de impresionantes obras de arte, las grandes proezas deportivas y el aumento de la riqueza material de la humanidad, son obra de individuos humanos. En particular, el bien de una sociedad presupone individualidad del ser humano. Por ejemplo, la extraordinaria especialización del trabajo, que incrementa la productividad y la riqueza de la sociedad, es obra de individuos.
Los políticos gobernantes deben abstenerse de intentar la supresión de la individualidad, no porque sea posible suprimirla, sino porque el mero intento de suprimirla dificulta la contribución de ella al bien de todos. La dificulta porque la individualidad y la infinita diversidad que brota de ella es uno de los más grandes tesoros potenciales de que dispone una sociedad precisamente para procurar aquel bien de todos.
La individualidad del ser humano es el primer postulado de la filosofía de Guatemala Constitucional. Este postulado manda que una Constitución Política sea constitución de seres humanos que necesariamente son individuales, y posibilite que cada uno procure su propio bien conforme a su individualidad. Ninguna ley debe pretender la igualdad de seres humanos que necesariamente son desiguales, y que por serlo son socialmente beneficios.
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